jueves, 7 de noviembre de 2019

Cabeza a Tierra


A veces se superponen los duelos. ¿Cómo elige la insconsciencia? ¿El que cala más hondo? ¿El más superfluo?
Dado mi historial, me gusta torurarme, me gusta ser la asesina.
Mis dedos afilados como guadañas.

Mi locura fue la culpable de la primer muerte. La de mi sangre. Me castigaron, me golpearon, me insultaron, me aislaron. La primera no fue adrede, no sabía que toda esta muerte que llevo conmigo se podía salir de mi envase, marchitar a otros, depositar tierra sobre ellos.
¿Es porque mi vida es inversamente proporcional a la de los demás?
¿O todos elegimos vivir después de la muerte?
Es que esta elección ni siquiera es latente, aparece muy de vez en cuando.
Si lo quisiera plasmar de una forma poética, me siento como el brote de una suculenta, que encontró fuente de Carbono en la putrefacción de una sepultura.

Y los años transcurrieron, y las muertes siguieron sucediendo. Con la diferencia que éstas no fueron dentro de mi elección, y creo que es por esto que, no sentí absolutamente nada. ¿Acaso tendría que haber derramado alguna lágrima? No lo creo, porque el punto de partida en esta serie de eventos fue una puñalada profunda, seca y sin cuidado.

Es entonces que volvió, mi desición, mi aparente poder de exprimir la última molécula de oxígeno que queda en los pulmones. El último suspiro, todavía lo oigo resonar en las paredes de mi cráneo, con eco, porque la tortura siempre es melodramática.
Y le puse fecha de defunción a mis apéndices.
La primera vez fue increíblemente dolorosa, sentí como si me hubiera arrancado una arteria coronaria.
Sin embargo, tuve una fuerza desconocida hasta ese momento, un poco de eso mezclado con el poder de reprimir el dolor de forma inconsciente. Aunque aún así, una vez que me encontraba conmigo misma, el dolor era tan espeso que no me pasaba por la garganta.

No pasó mucho tiempo cuando sucedió otra vez, y esta fue como mutilarme de la forma más violenta que conocía. Y eso fue porque mi entorno me estaba apuñalando en cada herida, aún abierta, que mi cuerpo exponía. La única forma era apuñalarme a mí misma para dejar que el torrente de sangre fluya, que toda esa pestilencia saliera de mi cuerpo y que mi corazón se encargara de producir sangre menos tóxica.
Y fue uno de esos dolores que te incapacitan, que te dejan en cuclillas llorando por un poco de afecto materno.

Y el mes pasado, Octubre de 2019, pasó 2 veces. Dos veces en un mes. La guadaña tenía sed, y el hierro corroe la sepultura.

Tanta muerte esconde y pospone el duelo que hago por los vivos. Y como un cachetazo inesperado, te vuela la cara y la paz.
Es difícil hacer el duelo de los vivos, porque tarde o temprano la idealización se sucumbe, la justificación se desarma y la esperanza azota. Los recuerdos afloran con espinas.
Es momento de enterrar, aquello a lo que mi guadaña es inmune. Aplicar la eutanasia a esa porción coronaria que se nutre del engaño.
Y es tan viejo, que yo misma no lo puedo creer, pero en este momento, en este preciso momento, donde tiene atisbos de volver a tocar la puerta, a derribarla, es cuando hay que cavar muy profundo, mucho más sobre el límite de sepultura, quizás hasta el centro de la Tierra, para reventar y destrozar todo el relieve de su rostro con la pala.

lunes, 27 de mayo de 2019

Sangre fría y salvaje.




Vine sin saber qué escribir. Se ha instalado una angustia en mi garganta y es la primera, en mucho tiempo, que no logro despojar.
Mi mente se encuentra viajando en el tiempo otra vez, hacia los pasados melancólicos.
Pensé que tenía otras herramientas con las cuales aplicar justicia, se me quiere imponer este sitio de confort antiguo. Antiguo.
Siento como si hubiera erigido todas las lápidas de un tirón. Otra vez me sumerjo en la ciudad de los muertos, todos gritando mi nombre.
Un puñetazo en la cara. Mi tormento me quiere volver a anclar con sus grilletes.
No quiero... No quiero...

¿Tan errada está mi realidad? Soy todo lo opuesto a lo que creo ser.
Sin embargo, unas simples frases me caen como yunque en el diafragma. Se me saturan los ganglios, se me endurece el miocardio.
Tantos años engañada, endulzada y empalagada de mi narcisismo. Resulté ser lo que nadie quiere ser, lo que nadie quiere escuchar, lo que nadie quiere leer.
Siento que me hundo y no me reconforta saber que la única mano que prevenga mi asfixia es la mía.
Porque no vengo con nadie, no voy con nadie, no llego con nadie.
Estoy esperándome a mí misma en el altar para coronarme como la reina de los nadies.
Me detengo, me controlo, lucho contra mi naturaleza, porque ya no quiero ser parte de mi propio circo. Pero a la vez, me supongo condenada a ser el bufón de los civilizados.
¿Quién va a saber qué fue de mí, si nunca dije nada? Si mi espíritu salvaje es déspota. Mi esencia se halla en las profundidades.
Y entre océanos de patetismo, me hallo luchando por una bocanada de oxígeno que me permita modificar todo mi ser, porque me concibieron a la inversa y lo único que quiero es pertenecer.

¿De qué me sirvieron tantos libros, tantas corrientes de pensamientos, tantas teorías e hipótesis?
Sólo dilucidé aislamiento, desierto e incierto.

¿Por qué tengo que martirizarme con tanto sacrificio? ¿Por qué se me metió en la cabeza querer ser como todos?
Y me sigo auto-engañando, porque sino no logro entender el por qué, me lo invento, me ahogo en un vaso de agua.

Si perfeccionarme es deshumanizarme. Anular el deseo y el placer a cambio de la ignorancia.
Estoy pidiendo a gritos la única distracción embelesante, la muerte total de mi juicio, soy capaz de sacrificar todo por el resto de mis días con el corazón rebosante de sangre caliente.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Matryoshka


El fastidio, el placer, la tristeza, la nostalgia, momentos parpadeantes. Hay una mente, detrás de mi mente, que despertó. Detiene el tiempo brevemente, se conecta con la razón, baja línea, me observo a mí misma.

Ella me tiende su mano, con la palma hacia arriba. Le deposito la sierra oscilante estéril, el mango parece haber sido diseñado para encajar en cada hendidura y recoveco de su mano. Comienza la craneotomía.

- Ailin, Матрёшка, anatómicamente parece diseñada por un maestre.-

Retira la Duramadre, la aracnoides, la piamadre, y luego, empieza la magia, parece no terminar nunca. Cada mente está envainada en la otra de tal forma, que haría emocionarse a cualquier admirador de Las Mil y Una Noches, es una caja china hecha de ramificaciones vasculares, neuronas y nervios.

Imposible cuantificar todos los pares de ojos. Determinar cuál es su línea temporal, identificar su origen, sus propósitos.

Sin embargo, parece que todo tiene su orden, como si se tratara de un reloj y sus engranajes, traccionan en sinergia concibiendo un embrión dentro de otro y así sucesivamente, constituyendo, en su finalidad, este universo.

Cientos de ojos me observan, y cada uno de ellos resguardan secretos de sus contenedores. Es un abrazo infinito, ellos le dan calor a mis memorias.

-Hay algo que atraviesa a todos, a cada uno de ellos, una especie de ojal queloideo que sirve como canal para permitir su unión y bifucarción en simultáneo.-

Las irrigaciones están hiladas como si lo hubiera hecho un experto en el arte del huso y la rueca, resuelto en delicadeza a los confines de la caja ósea.
No distingo el presente. ¿Acaso esta mente se halla encerrada en las profundidades de mi actual mente? ¿Cómo puedo saberlo?

Mi consciencia quizás esté en constantes viajes temporales sin darme cuenta. Soy una fracción de mí misma. Quiero hablarle a la Ailin del futuro de mis futuros, aquella que se encuentra en el presente. Pero ¿cuán en el pasado me sitúo? Imposible saberlo.
Siento como si estuviera dando brazadas enérgicas y desgastantes en un charco. Sin tener la más mínima noción de que un charco más grande aloja mi actual charco, y éste, comprende un charco más pequeño.

¿Seguiré hasta que cada músculo se hipertrofie? No me asegura desenvainar cada fascículo. En verdad, no me asegura nada.

Pero debe de existir alguna pulsión, aquel hilo que nos une a todas, de alguna forma nos conectamos y comunicamos. ¿Qué tan perdidas estarán aquellas de los más bajos escalafones?

Me alivia pensar que al menos no soy la última, tengo esa certeza aunque no sé de donde viene.
A todas nos falta algo, y se trata de lo mismo. No quiero decirlo, me avergüenza. Me apena.
¿Será que en el momento en que obtengamos el Grial personal, todas nosotras volveremos a unirnos en un solo par de ojos?

¿Será la muerte de todas y cada una de nosotras?

Siento abrigo por las que están conteniendo a la que me contiene, nos irriga la misma naturaleza, me desespera no poder decir lo mismo de la realidad.

- Fabiana, cauterizame. Nos vimos a los ojos ya, somos conscientes de todas las que somos.-

Ella inunda los aires con la destilación del perfume de mis carnes con el electrobisturí.
Mis humores se adhieren a las moléculas de oxígeno dispersas, los dejo ir.

Me entusiasma la idea, la anhelo con fervor, de que alguna de nosotras pueda relatar la conclusión. La obra sería magistral. Alguna lo hará, me encargo de esparcir mis cromosomas, se van a alear hasta con las sustancias que tengan menos afinidad. Porque ya soy parte del universo, ya me hallo desfragmentada ,y fragmentada a la fuerza por suturas. El día que quepa en todo mi esplendor en este envase sostenido por huesos.


Ya siento la satisfacción.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Otoño


Finalmente se asentó la estación. El vaivén de los vientos, la temperatura atmosférica y le abrí la puerta para que se vaya.
Siempre voy en desintonía. Y esta vez fue bastante persistente la homogeneidad de la no-emoción.
Otra vez me hallo en las penumbras de mi zona de confort. La saliva espesa atorada por debajo de la lengua, el ritmo cardíaco lentamente acelerándose.
Estas semanas de alienación me sirvieron de otro tipo de ojos. Observé con detenimiento el transcurrir del tiempo, la oxidación de la materia, las partículas que se impregnan en lo estático. El ciclo de vida de la naturaleza, los pasos de miles de pies, la entrada del Sol y la perpetuidad de la Luna.
No encuentro mi voz. Me duele en las entrañas haberme callado por completo, ya no sé cómo hablar.
No me sé expresar, no encuentro palabras, me reprimí tantas veces y terminé condenándome.
No puedo reencontrarme con mi cuerpo, mi mente se alejó tanto que ya no logro hacerme entender que es parte mío también. Mis músculos están blandos y finos como hojaldre, mis huesos son las curvas de mi piel. Sin embargo, sigo sin poder percibirme como un todo, sólo sé que esto es el vehículo de mente.
Cada día me marchito un poco más, cada día es uno menos, la construcción de un futuro patológico.
Me observo en el espejo y desconozco las facciones, la mirada, la curvatura de mis ojos y las comisuras de mis labios. Sólo sé que soy yo porque no hay nadie más acá. Con el paso del tiempo hasta dejé de invertir tiempo en adornarme.
Me siento vieja, siento como si hubiera vivido miles de años. Pero tengo 27 inviernos tallados en cada órgano, la concepción temporal de mi cerebro va en otra frecuencia... y estoy cansada.
No hay estado que me conforme en totalidad, siempre algo me inquieta.

miércoles, 3 de abril de 2019

La vida transcurre en la cabeza.



Como un pájaro enjaulado se halla mi mente en mi cabeza, que la vida me transcurre por imágenes que se proyectan dentro a través de mis ojos y subjetividad desinteresada.
Mi cráneo está sumergido en ecuaciones, en recuerdos, en arrastres. Mi verdadera voz se encuentra apagada, silenciada.
Cuando mis dedos hunden estas teclas, ¿quién es la que escribe?
Me ahogo en violencia, no aguanto sentir tanto asco.
Se transforma en la bestia, en el Minotauro desolado, hirviendo en rencor. 
¿Cómo algo en esta vida puede ser justo?
Estoy tan posesa que las profundidades y conclusiones se me hacen incomunicables. No puedo ordenar las ideas, no puedo establecer una cronología.
Se vuelve un océano de aberraciones firmemente arraigadas por el resentimiento.
Descubrí el placer de reprimir placeres. Cada día me perfecciono más en destruir mis emociones.
¿Será esa la clave para ser más intelectual?
Somos muchas personas acá, los sentimientos son una avalancha contraproducente.
Los placeres distraen de la esencia, lo dijo Sócrates.
Sin embargo dudo mucho alcanzar, aunque sea, con las yemas de mis dedos el Nirvana.
A veces me invade un terror descomunal.
Los años pasan y la evolución es introspectiva. ¿De qué sirve si nadie lo puede ver?
La esencia, la esencia. Pero ¿es que alguien en este pobre mundo observa más allá del envase de carne y huesos que estamos hechos?
En esta supresión de deseos me deshice de toda atadura. Me sirvo del vacío, cuando alguna vez me hallé cómoda encadenada a envases mundanos.
Por primera vez, la incertidumbre no me parasita. ¿O lo está haciendo y ese sentimiento se esconde en el fondo de mi cráneo?
El tiempo sigue transcurriendo y me alegra no sentirlo lento, me desespera pensar en llegar a la vejez y que mi mente se deteriore junto con mi cuerpo.
Pero a veces quisiera que se me practique una lobotomía.
Necesito despojarme de todo vestigio de sentimientos.
Sino ¿cómo podría situar mi vida en una cronología?
El desorden se debe al temor.
Y se encuentra encastrado como la espada del Rey Arturo.
Otras veces quisiera no haber estado ni cerca de un libro, toda esta apertura mental es un castigo.
No sé utilizar mi cuerpo, no sé cómo hacerme entender que también es una parte mía.
Siento cada palabra dicha en Fedón. Es mi maldición.
Me despojé de tantas creencias teológicas y esperanzadoras, y me suspendí en la religión filosófica.
Pero hay algo innato en mí, que es lo que me llevó a estos lares.
Soy un estigma, una vida con mal karma, una fábula mal concebida.
Y a la vez me amo, y adoro mi cerebro.
Todo está relativamente en desconcierto, incoherente, mal conjugado. 
Mi libertinaje es una condena.

miércoles, 27 de marzo de 2019

El divertido juego de actitudes psicopáticas.



Interesante aquel juego de tironear. ¿No?
Calcular las concentraciones de frialdad del otro, tratar de despedazarlas, evidenciar que debajo de todo aquello se esconden sentimientos de amor. ¿Quién aguanta más tiempo siendo una mierda?¿Vos o yo?
Decir "te quiero" sin sentirlo en la superficie, solamente con la única intención de desequilibrar al otro. Desestructurar  y destruir toda sensación de calma, de sanación, del transcurrir del tiempo.
Porque vos imaginás mediocremente qué siento yo, y yo imagino insensatamente lo que no sentís vos.
¿Será que es esto lo que tanto nos fascina? La ruleta rusa, el que siente más, está muerto.
¿Pero quién es el susodicho? Los dos llevamos una extensa máscara y cumplimos nuestros burdos papeles a la orden del día.
Subimos un escalón y con el otro pie estamos en el peldaño de abajo, a la espera de retroceder ante cualquier muestra de afecto, nadie quiere hacerse cargo de lo que siente. Guardamos nuestros venenos en la raíz de la lengua, esperando a que el otro se ponga en el lugar de vulnerable para escupírselo.
Somos parte de un mismo demonio, soy las manos y vos los pies. El torso es la torre de mentiras con la cual convivimos, la cabeza es toda la verdad que escondemos.
El que deja correr más lágrimas, pierde...
El que sufre en silencio gana.
Nunca fue el amor lo que nos ata.
Siempre fue una lucha de egos, el trofeo del dolor, el desangrarse lentamente.
Pero esto tiene un fin, los minutos son apaciguadores.
Y temo decirte, que quien va a perder no voy a ser yo.
Te amo por ser mi musa, pero todas mis musas tuvieron su fecha de caducidad.
Mi alma es vieja y con reminiscencias. Se está apagando en contra de mi voluntad lógica y analítica.
Mis manos serán parte de otro demonio, y tus piernas también.
Pero las cenizas en el jarrón quedarán estacionadas por siempre en tu ropero.
Si te rendiste, una vez, para volver a sentir y querer pretender no hacerlo, vas a volver a caer una y otra vez. Hasta que el tiempo haya transcurrido de tal forma, que sólo te quedará el vacío y las esperanzas rotas.
Roto como todo tu ser, en busca eterna de completarte, de arreglarte. Cuando sólo mis manos tenían la destreza de encajar cada pieza con dulzura. Cuando sólo mi habilidad de esculpida podían erigir tu ser.
No fuiste digno, y todos los que buscan mi mente se encuentran en la lista de espera para esculpirse.
Comparto mi don a medias, los elijo, les regalo.
Pero vos, que fuiste parte de mi escultura, desaprovechaste el talento y decidiste que juguemos este juego nefasto.
Cegado por tu soberbia ridícula, tu incoherencia y tu falta de aptitud. Mis manos ya no van a acariciar tu inmundicia, se desvanecen en tu mente retorcida para que jamás puedas experimentar un recuerdo vívido de lo que tuviste y despojaste en contra de tu voluntad.
Mi alma geronte está cambiando de plano, está mutando y enriqueciéndose. Nuestras células se están diferenciando, cambiando nuestro fenotipo, abriéndose el vacío.
Mis tierras ya no son tu cosecha, mis arterias ya no son tu baño de vitalidad.
No me sonrías con dolor, tus mentiras las paso como el agua más pura.
Disfruto este juego, pero no soy vengativa. ¿Te creés que vos sos el realista?
Me río desde las entrañas, con dolor. Porque me conozco y sé hacia dónde se dirige el sendero.
Sé quién va a sollozar en cuclillas, sé quién va permanecer erguido observando con lástima.
No quieras rozar mi corazón con tus dedos, que son puñales. Lo encerré en una prisión hermética hace tiempo ya...
Sólo soy tu espejo, cumpliéndote tu sueño ludópata. Sabés que esto no termina bien.
Me llevo la experiencia y el regocijo de la frialdad ante tu clemencia.
Tus pedidos desesperados te ilustran como el pequeño hombrecito asustado que sos.
Te dejo un beso en la sequedad de tus labios, en la deshidratación de tus arterias coronarias y en la cumbre de tu mente desolada.



martes, 19 de marzo de 2019

Y un día volviste...



Cuando el suplicio finalmente estaba mermando,
El lobo se asomó cabizbajo y estiró su mano.
Suplicando ayuda y clemencia,
Intentando revolucionar el dolor con violencia.

Su objetivo: tener a la oveja a su merced,
Hundirse en su espuma para no perecer.
Ahogándose en lágrimas de diablo,
se relamió silenciosamente sus labios.

No concibe la idea de no poseerla,
Desde aquella noche donde depositó sus moléculas.
No contaba con la rebeldía y la resistencia,
De que la oveja anclara su esplendor y consciencia.

Esa era la flecha que iba a condicionarla,
Por eternidades inmensurables, encarnadas.
Ella tomó las riendas, supuso un sacrificio,
Y en su corona quedó sellado e inmaculado, el suplicio.

Es por esto, el lobo seguirá latente y regodeante,
Posando sus ojos sobre su sombra, orbitante.
La oveja, tan susceptible, aún no ha de librarse,
Aún sigue prisionera de su compatible antagonista y semejante.

A veces tiene momentos de lucidez,
Pero su naturaleza carnera y carnada es.
Hasta que no se someta al vacío, él no la dejará,
Sus colmillos encastrados, su perfume destilará.

Con la última gota de sangre ella luchará,
Su intermitente invierno con su lana no abrigará.
Será cuestión de tiempo de la ponzoña y los vicios,
Que azotarán su cabeza conduciéndolo al desperdicio.

La longitud del tiempo tiene baja frecuencia,
El calvario se asienta en la inconsciencia.
En el final, la persistencia y el rigor triunfarán,
Y las heridas, y los huecos calcificarán.






sábado, 9 de marzo de 2019

El Círculo del Inconsciente.



Volví al averno. Acá estoy para mantenerlos al tanto. 
Es curiosa esa sensación que tengo del gancho que me despedaza las tripas,
cumpliendo una función de ancla, clavándome en lo más bajo que se puede caer.

Mis sueños me torturan noche tras noche, día tras día. 
Siento que me envían mensajes a través de ellos, me lastiman, me perturban.
"Nos vemos a fin de año".
¿Qué se supone que haga con eso? Recién estamos al 3er mes de este año, no sé quién voy a ser cuando los meses sigan transcurriendo. 
Todo este último tiempo estuve despedazando ilusiones y creencias,
dándome en la cara con el espejo de la realidad.
Creí tantas cosas sobre mí, y estaba en lo incorrecto.
Ni siquiera puedo decir que soy sincera conmigo misma.

Hasta en mis sueños no soy la protagonista, soy una constante burla a mí misma.
Siento que el inconsciente me está manejando la vida.
Tan así, que depende de él mis fuerzas para afrontar el día a día.
Sigo sollozando por viejos recuerdos, por dimensiones paralelas.
Estoy completamente rota y no puedo despegar de mí, la idea de que tiene que existir un héroe en esta historia.

Cada rincón del laberinto se está haciendo, cada vez más, evidente, esperado.
No hay factor sorpresa, me estoy desnudando por completo.
El problema es que esa desnudez es burda, he destapado cada misterio.
Soy solo una niña con miedos...

Sigo pensando en él. En toda esa mierda. 
En mi corazón roto, en mis ilusiones hechas añicos...
Sigo insistiendo en mi cuento de hadas que no es más que un cuento del horror.
Ya no soy más la princesa, reclusa y en la espera de su servidor.

Realmente estoy preguntándome si todo este psicoanálisis fue en vano. Porque no paro de verme tan simple y estúpida. Aunque dudo de que haya un mejor camino que este, pues estaba perdiéndome en ese torrente de delirios. 
Sigo haciéndolo de cierta forma.

A veces quisiera no tener que dormir, sólo para evitar esos sueños que me apuñalan con cizaña.
No lo estoy reprimiendo, ¡NO LO ESTOY REPRIMIENDO! 
Pero siguen, siguen y siguen. Ya creo que no van a parar hasta que no pierda la entereza y me tenga que humillar una vez más.

Claro, pareciera eso. Estuve resistiéndome a mis deseos e impulsos, porque tengo amor propio.
No me quiero ver, una vez más, enmarañada en dolor. Sin embargo, no haciéndolo, estoy igual.
Es como si quisiera rasgarme el poco amor que tengo, envenenar todo sentimiento puro y destrozarme aún más.

¿De qué sirve que siga decodificando?

Si mi cabeza sigue en aquella sintonía mortal.

Quiero leerlos. Sé que están ahí. Díganme algo. Que, aunque sea, disfrutan este espectáculo que es mi cabeza llena de delirios. 

Algún día me voy a arrancar el corazón y ya va a ser tarde.

martes, 26 de febrero de 2019

Otra vez, estoy acá.



Me quema por dentro como si por mis venas corriera kerosene. Es el puñal más hundido, el que mantiene firme la obsesión. Me arruina pensar que sólo yo lo lamento. Estoy alienada y una parte de mí entumecida.
Desearía ser yo misma en otra dimensión. Arrancarme el cerebro y valerme de mi motricidad.
¿Estás sintiendo lo mismo?
O acaso ¿por qué leés?
Pero ni siquiera lo sabés. ¿O es que mis palabras se amoldan y se ajustan a tu propia realidad?
Mi cerebro y mis temores me llevaron a deshumanizarme, a arrancarme mi naturaleza. ¿Puede ser que todo sea obra y arte de la deficiencia de sustancias químicas? ¿Cómo puede ser que en este pequeño cuerpo haya una eternidad de ADN defectuoso?
Codifica en los infiernos, se programa para concebir deficiencias tras deficiencias. Se traduce en una torre de vida marchita.
¡Cómo quisiera cambiar mi frecuencia! En una silla eléctrica.
¿Alguno de ustedes sintió el sabor óxido de la muerte en sus tempranas edades?
Solía tener mucha curiosidad. Todo lo que deseé fervientemente me rozó pero no fue en mi dirección. Lo ví a través de mis oscuros ojos desvanecerse y escapándose de mis manos.
No fue para mí, no me dejaron beber el mercurio. Siempre fue para otro.
Creo que es hora de que me toque a mí. Ya me resigné a que jamás voy a brillar, sólo quiero apagarme, quizás despertarme dentro de 1000 años.
No puedo hablar. Mi cerebro no codifica la comunicación. No entiendo ya, este es el único recurso.
Ustedes tampoco pueden hablar, evidentemente.
O quizás son morbosos y les gusta saborear el dolor.
Porque mientras siga escribiendo se van a regocijar. Y no los voy a parar de alimentar.
Asumo mi papel de rata de laboratorio.
Algún día las cosas van a terminar o bien o mal, y van a desear haber hundido más sus dedos en cada hueco de mi alma. Pero eventualmente voy a desaparecer, porque estoy de nuevo en la curva hacia la cúspide, al menos eso es lo que siento.
No se preocupen, nos vamos a ver cuando retorne al pozo. Voy a tratar de mantenerlos al tanto.

domingo, 10 de febrero de 2019

El Laberinto.


Sólo intuyo mi existencia por la taquicardia de los temores nocturnos,
recuerdo cuando nuestros ritmos cardíacos conservaban una sinergia cual composición musical.
Entender a la perfección que yacía un ser vivo, con otro cerebro y otras vivencias, tan cerca mío, me hacía dar cuenta de lo complejos que somos.
Eras el cable a tierra, el mundo con otros ojos, virtudes y defectos hechos carne y huesos. Un cable en otra frecuencia, un saco de órganos de diferentes proporciones a las mías.
¿Tendrá todo un significado? ¿O es sólo obsesión mía?
Qué frustración que supone darse cuenta de los errores del pasado. No se puede hacer nada, algunos nacemos con ciertas voluntades infinitas, otros sólo pasan página y ver qué tiene el mercado para ofrecer.
Me siento atrapada en el lado oscuro de la vida, no soporto no tener la respuesta a cada condición que se me ha impuesto.
No puedo evitar sentirme una rata de laboratorio.
Será que crecí en un seno católico, donde cada desgracia se justificaba con un "Dios nos pone a prueba". ¿Es que acaso somos el experimento de alguien? ¿Somos todos un colectivo de pruebas y errores conviviendo?
Me cuesta entender que hay mentes que no llegan hacia el más recóndito rincón de la perdición como lo he hecho innumerables veces.  Cómo es que todo esto es una lotería y al que le toca, le toca.
Por qué tenemos experiencias con ciertos individuos y otros no, por qué algunos somos más indignos que otros.
Es exasperante creer en determinado momento que llegaste a un punto de satisfacción de dudas. Cuando es sólo un breve punto muerto, no hay que esperar demasiado para volver a preguntarse un millón de cosas más.
Los únicos momentos donde me asombro es cuando obtengo respuestas a preguntas que jamás hice, las mentes retorcidas de otras formas.
Si me das el tiempo necesario, jamás voy a dejar de indagar. Pero aún no he conocido la persona dispuesta a obsequiar eternas horas.
Ahora no yace nadie, y me quedo preguntándome en silencio, relacionándome tácitamente conmigo misma.
Me interesaba hasta saber con certeza los porcentajes y concentraciones de oxígeno que recorrieron tus alvéolos, los kilómetros que se asentaron en las plantas de tus pies, los litros de lágrimas que brotaron de tus ojos.
Quisiera poder verme a través de alguien y suponer que en la subjetividad ajena me veo simple y para nada perturbada. Sólo para verificar que somos todos los que estamos retorcidos y no percibimos los vacíos ajenos.
Alguna vez me confirmé odiadora de la matemática, hoy tengo una relación de amor/odio, invento mis propias estadísticas y a la vez, percibo las reales. Sólo busco que mi corazón vuelva a latir en armonía, marcar el compás de aquel otro que interprete la canción.
Mi contexto podrá brindar una imagen de que mi cabeza es un caos, pero soy un código enigma, está todo fríamente calculado. Lo único que necesito es aquel que entienda la lógica y resuelva el rompecabezas, porque yo no lo puedo hacer. Es por esto que amamos.
Creo que es la primera vez que voy a admitir que odio ser el Minotauro, ya hace tiempo dejé de sentirme especial. No soy más que un trabalenguas para mí misma, soy la incapacidad de medir el universo.
Quiero dejar de mirar para encontrarte, porque lo único que aparecen son alucinaciones. Y lo que realmente busco es aniquilar por completo mi corazón, para situarme en aquel lugar que tanto conozco, odiando el mundo y a todo.
Soy consciente pero no tengo las herramientas para revertirlo. Mi destreza es mental pero no práctica.
Sin embargo todo se sigue distorsionando, de tan complejo ya no distingo la verdadera realidad.
Ni siquiera sé si esta esperanza que se aloja en mí algún día me dará réditos.

domingo, 20 de enero de 2019

Vos, que estás leyendo.

¿Alguna vez sentiste lo artificiales que somos?
¿Se te hincha la tráquea de las ganas de soltar palabras, de usar tus cuerdas vocales como instrumentos de viento?
¿Te frustra la abundancia de monólogos? ¿Encontraste los rincones donde hay retroalimentación?
¿Te cansás de hablar con vos mismx?
¿Te cansás de escucharte?
¿Te cansás de mirarte en el espejo?
¿Te cansás de dejar pasar los días sin más?

Algunos nacemos marchitos. Algunos nacemos para ser nidos de gusanos.
Somos aquellos que nacemos para observar, en el silencio, en las penumbras, vemos la luz y oscuridad en un abrir y cerrar de ojos, vemos brillar y triunfar a los demás, mientras nos vamos pudriendo lentamente.
Me siento un desperdicio de ser. Sólo soy una bolsa de órganos, ninguna discapacidad, me desperdicio.
Mi ancla es tan cómodo, quisiera morir en él. Aunque quisiera pasar más horas erguida porque me siento útil. Ya ni siquiera soy útil. Ya no queda nada.

Te quiero, lectora/lector.
Vos sólo sabes cómo sucumbe mi alma.