jueves, 21 de diciembre de 2017

Nada.

La canilla gotea al compás de la aguja del reloj,
el viento recorre la casa sin obstáculos,
mi estómago cruje y se ahoga en ácidos,
los números en el calendario no dejan de cambiar.

Dudo de estas fabricaciones de sentimientos que produce mi cerebro,
dudo de los hechos, de los factores, de los parámetros,
dudo de si la puerta va a volver a golpearse por las mañanas...
y por las tardes...

El dolor es fisiológico, lo siento en el cuerpo, por todas partes.

sábado, 15 de abril de 2017

The Cake Is A Lie



En el centro y por debajo del esternón.
Vertical, recto, delgado y agudo.
Hay un infierno ahí dentro.
Indescriptible, innombrable y silencioso.


Bombea sangre de baja calidad, oxigena y tiñe los pulmones de grisácea putrefacción.
No más, nunca más.
El bisel de la aguja perforó el ventrículo izquierdo, su pulgar presionó el émbolo impulsando la adrenalina fuera de la jeringa.
La espera era eterna en aquella acción instantánea. Pues, el drenaje sería por los poros.

Arrancó las cortinas de las ventanas del alma, no había forma de cubrir los rayos del atropello a la razón y lo lógico.
Hay un ser detrás de todo ese aparato fisiológico. Hay una parte de una mente que se retuerce y vocifera la detención del procedimiento.

Ya no se discierne de lo real y lo que no lo es. A través de aquella aguja pasó más que un simple líquido compuesto.
Los propósitos no tienen explicación alguna, no se determinan, no tienen un diagnóstico certero.
Hay cosas que simplemente tienen que ser y emerger.

Pero no podía creer que aquellos brazos no me atraparon.
¿Qué clase de ser perfora todas mis venas y arterias para quedarse expectante?
¿O acaso fue todo muy fácil y perdió su sentido?
Fue un momento donde me quedé con la arena del reloj en mis manos, apretando aún más los cristales sobre la palma procurando una suerte de drenaje más efectivo.

Pero no había nada de todo eso en las órbitas de sus ojos.
Sólo silencio y mi interpretación de éste.
Sin embargo no tiré los cristales sobre su rostro, no me acobardé ni improvisé un torniquete.
No...

Me quedé petrificada físicamente cuando se libraba una cruzada en mi cabeza.
La saliva arañaba mi laringe mientras mi lengua se apretujaba en mi paladar.
3:33. Sin reacción. No se observan más detalles de relevancia.
Mis glóbulos rojos se reventaban sobre mis pómulos. Y aún así, la situación tenía una circunferencia perfecta, sin alteraciones, sin quiebres, sin impulsos.

¿Dónde está su sangre?
Se aprisionó en su pecho y su válvulas se cerraron herméticamente conservando su vitalidad en un freezer.
Odiaría saber que hubo algún tipo de control sobre todo esto, pero más aún odiaría saber que fue lo que tendría que haber sucedido para no generar más un sopor de embriaguez en mi alma.

No puedo relatar más hechos verídicos porque todo lo que anhelaba sucedió dentro de mi cráneo y allí quedaron.
Sólo puedo decir que necesitaba la transfusión y me ha librado momentáneamente.
Aunque solo fuera un litro de pulcritud y ensueño.

sábado, 14 de enero de 2017

Karma.

Le quemé el rostro a todos sus santos,
le destruí sus papeles más preciados.
Y como siempre, pareciera,
el karma me llega demasiado temprano.

En busca de clavarle un puñal, 
éste terminó hundido en mi espalda.
¿Cómo iba a saberlo?
En mi sed de venganza encontré sus huesos.

Y allí es cuando me convertí,
en lo que jamás quise ser.
Alguien como ella...
Repitiendo sus acciones, aunque no me arrepiento (aún).


Nací oveja negra y moriré siéndolo,
jamás se me ha perdonado una sola cosa...
Me cuesta creerlo porque en mi inocencia
yo he perdonado hechos atroces...
Quizás porque lo que verdaderamente me duele
lo reprimo en las profundidades de mi inconsciente.
Y no guardo rencor...

Pero siempre fui lo que no debí.
Siempre estuve donde no tenía que estar.
Siempre respondí lo que debí callarme.
Siempre fui el error de su subjetiva perfección.

A veces creo que nací para que el mundo me contradiga,
después me doy cuenta que yo soy la contradicción.