
De fulgurantes soles alternada y de gozo;
Los rayos y las lluvias han hecho tal destrozo
Que en mi jardín apenas lo que ha quedado cuenta.
Vean que para mi vida ya llegó la otoñada,
Y hace falta emplear la pala y el rastrillo
Para extender de nuevo en la tierra anegada
-con huecos como tumbas- del abono el mantillo.
¡Quién sabe si las nuevas flores que yo he soñado
Podrán brotar en un arenal desolado
Con la mística esencia que les dará esplendor!
¡Oh dolor, oh dolor! Come el tiempo la vida,
Y el oscuro enemigo que en nuestro pecho anida
Con nuestra propia sangre crece y cobra vigor.
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