Los Caballeros Templarios:
La Orden del temple fue una de las más conocidas entre las órdenes militares cristianas. Fue fundada por Hugo de Payns, miembro de los primeros nueve caballeros de la Orden. La fundó en 1118 luego de la primer cruzada.

La primera cruzada contribuyó a la conquista de Jerusalén, asumiendo como rey Balduino 1, los caballeros optaron por proteger los santos lugares y a los peregrinos que concurrían a ellos.
Balduino 1, al tener su reino desorganizado optó por otorgar a los caballeros privilegios y protección del reinado para cumplir su cometido. Les adquirió la Mezquita de Al-Aqsa, donde alguna vez fue el Templo de Salomón, situado en el Monte Moria, de donde surgió su denominación de "Templarios".
El apadrinamiento, apoyo y recomendación de Balduino 1, influyó en la aceptación del eclesiástico, ya que los primeros en aprobarlos canónicamente fue la Patriarca de Jerusalén.
En 1128, el concilio de Troyes se encargó de darle la regla a la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo. Una regla regida por San Agustín, de filosofía racionalista "La fe hace posible el entendimiento. La razón por sí sola, es ciega. Necesita por lo tanto, hallarse iluminada por la fe".
Luego el Concilio optó por cambiarles la regla por la de San Bernardo.
San Bernardo se involucró demasiado con los Templarios, aparte de que era sobrino de André de Montbard, quinto maestre de la Orden y primo de Hugo de Payns. Gracias a él, al poco tiempo, la Orden del Temple adquirió autonomía real y formal respecto a los obispos, dejándolos sujetos solamente a la autoridad papal. Se los excluyó de la jurisdicción civil y eclesiástica.
En 1170 la Orden se expandía por Francia, Alemania, España, Portugal y el Reino Unido, lo que los favoreció en cuestiones de riqueza.
Los caballeros templarios participaron en las siguientes cruzadas, y en ellas sufrieron la expulsión de Tierra Santa. Saladino tomó el poder en Jerusalén y destruyó toda la organización del reinado anterior. Sin embargo, con la presión de la tercera cruzada, Ricardo 1 de Inglaterra logró llegar a un acuerdo con Saladino, para que Jerusalén fuera libre de tener peregrinaje.
Hacia 1306, Jacques de Molay, último gran maestre, se negó a aceptar el proyecto Rex Bellator, que imponía la fusión de las órdenes militares bajo un único rey soltero o viudo.
Felipe el Hermoso, al encontrarse en fuertes aprietos económicos y su fuerte deseo

de monarquía absoluta, intimidó al papa
Clemente V, que estaba altamente ligado a Francia, de que iniciase un fuerte proceso contra los templarios acusándolos de sacrilegio a la cruz, herejía, sodomía y adoración a ídolos paganos. Se les acusó de que en sus rituales de iniciación escupían sobre la cruz, renegaban de Cristo a través de practicas de ritos heréticos, de adorar a
Baphomet, de homosexualidad ante rituales para despertar la serpiente
Kundalini, entre otros.
Felipe el Hermoso, el 13 de Octubre de 1307 ordenó la detención de todos los templarios y requisamiento de sus bienes. Así es como Jacques de Molay y cientos de templarios fueron encarcelados y sometidos a torturas para confesar sus supuestas herejías, método que logró que la mayor parte de los acusados confesaran aún siendo ciertas o no las acusaciones.
Jacques de Molay, luego confesó haber mentido solamente para salvarse la vida, sin embargo la Orden tuvo que disolverse.
El Papa calló su postura ante la Orden, sólo quedaba reconciliarlos con la iglesia una vez que hubiesen atestiguado su arrepentimiento con la solemnidad acostumbrada.
Delante de la Catedral de Notre Dame en París fue erigida una plataforma para la lectura de la sentencia, sin embargo, Jacques de Molay se reveló y proclamó la inocencia de los templarios y la falsedad de sus propias confesiones. Se declaró dispuesto al sacrificio de su vida y fue quemado atado a una estaca, frente a las puertas de Notre Dame el 18 de marzo de 1314.