sábado, 25 de junio de 2011

Cerebros en extinción.




Cuánta abundancia de mal gasto en palabras constituidas por falta de cultura, de lógica y de importancia. Me indigna que el ser humano vaya cayendo en picada a la degradación.
No me considero un cerebrito ni nada, pero cada vez la gente es más estúpida. Hoy en día ser un idiota, casi que podría decir que, está bien visto. Por un lado me parece perfecto que además de que todos somos diferentes, algunos sean más estúpidos que otros, porque si todos fuéramos cerebritos sería horrible este mundo. Pero ahora, en general, la gente es idiota…

Puede que esto que escribí me deje como una soberbia, pero no es mi intención. Aparte de que tengo menos amor propio que creo que en mi vida voy a poder saborear un poco de soberbia.
Me expreso… Así soy feliz.(?)

Yo hago pop, pop para divertirme (¿)

Y me despido escuchando la canción de x files, que es el despertador de mi vecino.
Me hace sentir Spock cerrando el capítulo de los simpsons, jajaj.

Especulación...?





El reencuentro con la memoria que ciega a la mente en la fosforescencia del tornado del recuerdo, que como brasas surgen de un fuego recién encendido. Si lo desean apuñalan partes de la mente que se trasladan defectuosamente al órgano vital al que más carga se le da. Porque recibe culpas y penas de la mayoría de las emociones.
A medida que los años aplastan la lucidez, gradualmente la mente tiende al olvido. Sin embargo, las conexiones de la existencia son algo con lo que no se puede lidiar. Te llevan a revivir el pasado.
Y a veces el inconsciente prefiere apropiarse de ciertas escenas de la vida, guardárselas para luego atormentarte en el mundo onírico. Pero el tormento se concibe si uno quiere analizar el mensaje de su sueño, es decir, si decide hurgar y aflorar esa metáfora retorcida que nos proporciona el inconsciente.
Uno nace perfecto, luego surgen los defectos que nos van marcando e hiriendo, y a través de los años las heridas se vuelven viejas pero nunca dejan de hacerse más profundas.
Solamente pueden congelar su propia muerte con distintos “métodos” (para no desvalorar) de ignorancia y estupidez. Porque al ignorarse a uno mismo, sus heridas, sus males, uno se va enriqueciendo de felicidad, pero a la vez se vuelve un débil, por no afrontar su carga, su cruz.
Aunque este método es el más simple y burdo, es el más factible. Porque arduo y difícil es el vivir siendo consciente de sus fantasmas, pero uno se hace fuerte, lo que no quita que encuentre la felicidad en ello.