miércoles, 29 de octubre de 2014

Espíritu vacío, día gris y muchos traumas.

Me acerqué tanto a él, a mi pasado, que mi estómago quiso escaparse de mi cuerpo justo en aquel lugar, donde era más que seguro que iba a regar con mis ojos aquellas tierras secas.
El tren parecía querer quedarse ahí eternamente, poniéndome como protagonista de un juego macabro entre mi conciencia y mis impulsos, quería vomitar, quería bajarme y vomitar. Pero me senté derecha y me repetí incesantemente "me siento bien, me siento bien...". Cuando miles de posibilidades se me dibujaban en la cabeza: ir a verlo, espiarlo, gritarle, escupirlo, llorarle...
Todo aquello... pensé que estaba sólo en mi cabeza, jamás me iba a imaginar que mi cuerpo reaccionaría como si me hubiera atorado con muchísima comida y la única solución fuera devolverlo todo.
Observé profundamente todas aquellas calles, casas, negocios, personas, perros durmiendo en las estaciones, todos mis recuerdos... Y de repente me pareció que muchas cosas cambiaron, algunas se pusieron más lindas, otras más feas, pero aquel lugar seguía intacto, aunque sin aquel brillo de mi distorsionada mirada.
Será que el día era demasiado gris y yo acunaba demasiados traumas.
Quería verlo, sin que él me viera, quería observarlo cómodo en su hábitat, para luego irrumpir en él y desordenarle todo, generar caos, generarle dudas, mantener viva aquella esperanza fantasma.
Había una gran guerra en mi cabeza, y tenía mucho miedo de que mis impulsos la ganaran. Sin embargo, fue una de las pocas veces en toda mi vida que la razón pudo desarmarla.
Es que a veces pienso que puedo llegar a conocer a alguien mejor, y que me regale su amor, que me sea incondicional. Sólo que otras veces no quiero eso, sino que él venga a buscarme con los brazos abiertos, porque ese abrazo va a serle correspondido por siempre.
Tener los pies sobre la realidad es algo que se me dificulta muchísimo, es que las nubes siempre me ofrecen mis caprichos y fantásticas soluciones a todo. El problema es que el mundo no vive en las nubes y tengo que adaptarme otra vez a la tierra... árida y quebrada tierra de mierda... de la cual no puedo escapar jamás.
Otra vez vuelvo a que el día era muy gris, por lo cual tengo mi teoría de que eso vistió las cosas de una forma bastante peculiar. Sin embargo, quiero aferrarme a esa fealdad que vi, porque va a ser lo único que me aleje de aquella belleza idealizada en mi cabeza.

Todo esto concluyó en que no pudiera disfrutar el día, por más que después de un rato ya no pensara ni recordara nada relacionado a él, mi cuerpo adquirió un espíritu vacío. Porque no sólo no disfruté, tampoco sufrí, simplemente dejé que los tornados de pensamientos y posturas se pelearan entre ellos, al punto en el que no me dí cuenta en qué momento dejé de prestarles atención. Me serví de un carácter superficial, me dediqué a actuar y accionar. La guerra en mi mente se hundió en lo profundo y simplemente sus gritos se volvieron sordos.
Pude escapar de mi mente, pero en aquel viaje también escapé de mi corazón.  Lo absurdo fue no sentirme perdida ni deshecha, sino un cuerpo deambulante sin carácter, fui un fantasma visualmente físico, sin poder ni remordimiento de decir "No". Me tiré a la corriente indefensa pero sin vulnerabilidad.

Ahora, sigo repitiendo mis observaciones del día, aquella estación de tren tan similar a una lápida en un cementerio siniestramente alegre; la revolución de emociones, la lucha entre mis dos mentes, los torbellinos, el malestar y luego la más insulsa paz que pueda existir.
Quiero creer que hoy pude superar una etapa, por más pequeña que sea. Y sí, el día gris y mis tantos traumas combinaron a la perfección con aquel viaje simultáneo de presente - pasado.

No más, por favor. Como decía Sábato, uno siempre cree que el pasado fue mejor porque tiende a olvidarse de aquellos incidentes y angustias, es cuestión de romper las paredes de aquel túnel, de hacerlo sangrar y gritarle que él no es quién para decirnos a dónde ir siempre. Las posibilidades son infinitas y así es como cambiamos el transcurso de las cosas. Hoy, a pesar de mi malestar, no me bajé, no pisé aquella tierra maldita. Decidí aguantar, sabía perfectamente que si bajaba no habría retorno, mis pies una vez que se echan a andar, nunca sé dónde voy a terminar. Hoy quise quedarme y observar el mundo desde un espíritu vacío. Mi corazón empieza a cicatrizar y quiero que aquellas heridas dejen de infectarse.

jueves, 14 de agosto de 2014

¿A dónde tengo que ir?



He vuelto a ser el minotauro al comienzo de la historia.
Teseo... quiero que aparezcas.

.
.
.
.
.
..
.
.
.
.
.

La eternidad es demasiado inmensa para el amor,
por eso ya no creo en ese mito.

.
.
.
.
.
.

hoy en día nadie busca amor...
Sólo el minotauro.

domingo, 6 de julio de 2014

Cenizas de algo que fue hermoso.



Es difícil tener que aceptar que no soy tu ideal.
Más cuando te amé, luché y lloré cada momento de amor.
Me refugié en la mentira para creer que seguía siendo feliz.
Quise cambiar cada pizca de mi ser para ser aceptada.

Escribo esto con un nudo en la garganta,
con millones de palabras que no puedo expresar.
Con el más profundo dolor,
y la melancolía de ser como soy.

El amor es hermoso, me pregunto si existirá aquel que sea eterno.
Quería ser la elegida, y todavía lo sigo eligiendo.
Quisiera que salieras de mi cabeza por sólo un momento.

Tu indiferencia me lastima, me hierve la sangre.
No me entra en la cabeza tus deseos y tus compromisos.
No fuiste ni sos perfecto,
pero en mi mundo sí lo sos.

Cometí tantos errores... 
Que sólo yo sé cuánto me arrepiento,
porque daría lo que fuera para volver en el tiempo
y no cometerlos...

Será que no soy especial,
que no puedo completar tus vacíos.
Y vos sí lo hiciste...
Eso es lo que más me duele, haberte conocido.


Y pasa el tiempo... y mi amor fue disminuyendo,
pero no desaparece, no entiendo por qué.
Y cada vez que me encuentro con mi mente,
una y otra vez vuelve el deseo de tenerte.

A veces quiero creer que no tenes sentimientos,
para así consolarme de que no puedo enamorar a una piedra.

Ojalá jamás hubiera ido aquel día....
Ojalá jamás hubieras despertado a mi corazón.


Me desnudé completamente,
y en vez de sentir que era hermosa, sentí que era vulnerable.

Tratando de racionalizar esto a lo que le llamo amor,
supongo que es que jamás llegué a conocerte de verdad.
Tu silencio guarda miles y miles de secretos que no fui capaz de destapar.
Me siento frustrada por ello, me siento impotente.

Demostrar nunca fue mi fuerte,
pero cada día anhelaba que me dijeras todo... todo.
Nunca quise presionarte,
pero me di cuenta que ni vos te conocés.

¿Te querés?

Yo puedo decir que a pesar de todos los disgustos,
me quiero.
Porque quiero ser feliz y llegar a mis metas,
pero vos no estás seguro de nada.

La nada misma es lo que llena aquel vacío,
y eso es una redundancia que puede que te complete sólo por un tiempo.

En fin, es la misma historia de todos los corazones rotos.
Su desenlace no es más que la incertidumbre y un recuerdo.

No sé si mañana voy a seguir viva, 
y realmente quiero vivir el momento.
Ya no sé qué es el futuro,
sólo sé que voy a seguir soñando con el mañana,
esperando realizar cosas que me hagan feliz.
Así al menos cuando muera, puedo decir que disfruté la vida a mi manera.

Aunque me hubiera gustado compartirla con vos...

Creo que esto es un adiós,
ya de nada sirve todo el esfuerzo que estoy poniendo en recuperarte.
Sólo estoy perdiendo mi tiempo con un vano deseo.
No todo es posible.
Y lo importante es saber cuándo terminar aquello que no tiene remedio.
Pero estoy orgullosa de decir que al menos lo intenté,
porque no me doy por vencida fácilmente.
Sin embargo, las guerras sin sentido sólo producen desgaste.

Tengo esperanza en mí, aunque hoy me duela decirte adiós,
que voy a encontrar aquella mitad que creí que eras vos.

Yo aprendí mucho con todo esto,
y espero haberte hecho aprender algo también.

Lo único que lamento de haberte conocido...
es no haber sido correspondida.

sábado, 17 de mayo de 2014

Fuego y Cenizas.



Él abrió los ojos de mi alma, 
me despojó de mis armas,
desenterró viejas sonrisas,
creó nuevas perspectivas.

Diluyó amarguras,
construyó nuevos cimientos,
proveyó nuevas curas
para los viejos venenos.

Me regaló un nuevo espejo
totalmente opuesto al viejo,
sembró sentimientos,
despertó mi cerebro somnoliento.

Donde yacieron aguas turbias,
se instalaron felices recuerdos,
cuando sólo creía en la injusticia
y envidiaba a los muertos.

Mi corazón palpitó como nunca,
mi pesimismo aulló su renuncia,
Los colores resucitaron
y mil coros recitaron.

Mi esencia resurgió de las profundidades,
cual Sol en día nublado,
la felicidad en la cumbre de la pirámide,
se ocultó el desierto desolado.

Todo logró invertirse de la mejor forma,
sentí en mi cabeza una merecida corona,
reina de todo aquello que luego perdí,
por aquel ser vil que siempre fui.

Un día se puede tenerlo todo y al otro día nada,
el otoño se llevó más cosas que las hojas de los árboles,
si tan sólo el viento me susurrara las palabras adecuadas...
y volteara devolviéndole la vida, endulzándome.

Es siniestro el sentido del humor de la vida,
aunque así sólo aprendemos a seguirla.
Uno tiene que tener cuidado de actuar,
las consecuencias no se pueden evitar.

Sin embargo, agradezco haber vivido esto,
le sentí el gusto al vivir,
aunque su final haya sido funesto,
no hay razón para no seguir.

Amo haber amado,
amo haber tenido a un hombre excelente.
Ahora ya es pasado,
y ya no vale de los errores ser consciente.

Aprendí a quererme,
aprendí a valorarme,
aprendí a amar,
aprendí a abandonar.

sábado, 19 de abril de 2014

Pienso, luego existo. ¿Para qué pienso? ¿Para qué existo?



El propósito es la pregunta más importante, la falta de respuesta es lo que a uno le motiva a seguir caminando en busca de ella. Motiva el misterio.
Suelo preguntarme: ¿Por qué nosotros (los humanos) fuimos dotados de inteligencia y sentimientos, cuando los animales u otros seres vivos no?

No entiendo a qué se debe el propósito de nuestra existencia, porque lo pienso y me parece que no tiene sentido, más que el de vivir y morir.
Las religiones proponen una visión de más allá de la muerte, pero es algo de lo que no tenemos manejo. Según mi juicio, no existe el cielo ni el infierno.
¿Por qué los asesinos confiesan sus crímenes para evitar la pena de muerte? Si una vida tan miserable como la de un recluso de por vida en un cárcel no es un ideal.
Le tememos a la muerte porque no conocemos otra cosa más que la vida, por eso mismo tratamos de vivir lo mejor posible, cada uno con sus propias metas y objetivos.
Todos somos diferentes pero hay puntos en común universales que nos esclavizan: el amor, el odio, el egoísmo, la felicidad, la infelicidad y el deseo de persistencia en la memoria de quienes vamos dejando atrás.
Cada uno tiene su versión de cada una de ellas,  cada uno hace manejo de éstas en la forma en la que se le presentan y en la forma en la que están condicionados por sus pensamientos, motivaciones y su personalidad.
Pero volviendo a lo principal, siendo seres inteligentes y dotados de sentimientos, construyendo un mundo aún tierno y evolucionando la especie gradualmente... El fin no es más que la comodidad y felicidad de nuestras mentes. Todo aquello que hacemos y elaboramos no es más que una satisfacción para nuestra conciencia: el vivir lo mejor posible.
¿Pero qué hay de aquellos que no estiman su vida y carecen de esperanzas? De ahí la motivación del misterio, una persona que comete delitos, asesina o comete algún tipo de perjuicio a otras personas, está satisfaciéndose a sí mismo, su ideal de felicidad o conformismo para con la vida, más allá de la noción del bien y del mal que se ha impuesto en la conciencia colectiva. Entonces, cuando es "atrapado" y no tiene opción alguna que confesar sus crímenes, más allá de si se arrepiente o no, lo que provoca esto es el hecho de escapar a su fin, ya sea la muerte, la determinada condena o lo que se presente en tal caso. Porque su felicidad no ha sido completamente concretada y necesita seguir moviéndose libremente para llevarla a cabo.
Las personas melancólicas que desean su propia muerte porque no encuentran su motivación o no la ven claramente, dependen muchísimo de su entorno, lo que más anhelan es que éste cambie para que le den una visión de belleza que les permita vivir tranquilamente. Pero si hay algo que es cierto es cada tipo de felicidad humana no llega a cada uno sin que el ente mismo actúe influenciándolo. Ese es su error, el creer que las cosas pueden cambiar por arte de magia, porque las circunstancias van a estar a su favor porque ya no funcionan de la forma en la que venían ocurriendo. Sin embargo, ésta motivación es la que los mantiene aún vivos, y el único remedio es el saber que no van a poder cambiar sus condiciones de vida a menos que hagan algo al respecto.

Pero después de todo, las arduas y hermosas vivencias no tienen propósito. Lo que mueve al mundo es la satisfacción propia, por más que un individuo se considere altruista, ese altruismo está dotado de egoísmo, y es la satisfacción propia que se da a través de los demás.
¿Es entonces la vida un medio de satisfacción simple y llanamente?
La justicia no existe, porque por más que uno considere el encierro un modo, o la muerte otro. no hay satisfacción alguna en ninguna de ellas. No hay tal Dios que juzgue el espíritu de un individuo según sus actos en vida. Sólo está la creencia, la fantasía de justicia divina, y creo que por más fieles que sean a sus religiones y amen a su Dios, la satisfacción es nula porque no pueden ser testigos de aquel acontecimiento.

Los muertos son muertos, ya no poseen vida propia, sino que poseen vida dentro de aquellos que aún viven. Y algún día todo lo que conocemos hoy va a estar muerto, porque habrá otro tipo de cosas vivas y no habrán testigos de nuestra existencia. Seremos una leyenda, una moraleja o una fábula. Es entonces lo que me da a pensar que todo lo que hagamos no puede persistir eternamente, por lo tanto podemos persistir un determinado tiempo, y nuestros actos en vida habrán influenciado un pequeño círculo o gran círculo que ya conoce su final.

El amor generalmente conduce al deseo de formar una familia, uno cree que la otra persona con la que se une es su complemento, todo lo que se ausenta en uno mismo, por eso se siente completo y ama, admira a la otra persona. Luego, conduce al concebir a un individuo que comparte la sangre de ambos, el amor se convierte en persona con nombre y apellido, es entonces, que se da origen a una vida que les pertenece y que llevará su ADN cavando su propio nicho en el cementerio de recuerdos.
Pero los genes se van multiplicando y así cambiando, quizás el apellido o un nombre se conserve, pero desaparecemos de sus células a medida que transcurre el tiempo.

La satisfacción no es más que una ilusión propia de lo que nos motiva en la vida, por lo tanto considero que, somos individuos ciegos en busca de una satisfacción imaginaria, porque no sólo creemos que cuando concretamos una meta u objetivo estamos satisfechos, sino que eso no es suficiente, por lo tanto se presenta otra y así sucesivamente.
Es entonces, que no le encuentro el verdadero sentido a la vida, porque somos conejos persiguiendo una zanahoria que jamás vamos a poder alcanzar.

En conclusión, la vida no tiene sentido, uno atraviesa diferentes vivencias, algunos se hacen más sabios, ayudan a los demás, concretan cambios, pronto, universales; cambian vidas, actúan y contemplan el efecto o no; pero detrás de ello no hay nada más que la ausencia del sentido.
La felicidad es intangible y momentánea,  no podemos conservarla ni probarla.

Todo esto escrito es producto de que nos hicieron seres pensantes, sedientos de respuestas a preguntas que nosotros mismos originamos. Por lo tanto, nuestras preguntas no son más que vanas, ya que seremos seres inteligentes pero no lo suficiente como para poder satisfacer nuestra curiosidad eterna, estamos condicionados por lo que somos, sin embargo, hay una pregunta que sí tiene respuesta pero dudo que alguna vez se vaya a saber: ¿Por qué somos seres pensantes y otros seres vivos no?

Los individuos fácilmente aplican la eutanasia en animales, pero no en nosotros mismos. Ellos no tienen el intelecto para expresar su miedo a la muerte como nosotros. Poner fin a una vida ajena es muy simple, pero poner fin a nuestras vidas no lo es.

No existe la conclusión a éstas reflexiones, y eso es lo que a mí me motiva, el encontrar las respuestas a mis preguntas, pero a la vez, sé que jamás las voy a encontrar.
Entonces ¿por qué me sigue motivando y generando mis ganas de seguir viviendo?
No somos más que un motor del mundo, no hay nada después de nosotros, simplemente vivimos y formamos parte de un ecosistema.
 Podría preguntar ¿para qué existe esta forma de vida? Pero aquello es parte del universo, y sus dimensiones me provocan una angustia existencial que no soy capaz de afrontar.
Quizás seamos parte del sueño de alguien, uno muy grande. Pero eso ya sí que no lo quiero saber, sólo me gustaría volver a creer que puedo conseguir la satisfacción que deseo, para poder vivir normalmente y seguir mi transcurso de vida como todos los demás.
Ojalá jamás se me hubieran planteado tantas incógnitas, porque de seguro que así sería mucho más feliz, y eso es lo que envidio de la ignorancia.


domingo, 16 de febrero de 2014

Lágrimas del Diablo.



Todo tuvo que tener su equilibrio,
todo lo malo y todo lo bueno separado por un vidrio.
La prisión se hundió en un acantilado,
pero su veneno en mis pulmones sigue destilando.

Las almas errantes siguen en mi mente,
en los suburbios donde el dolor es persistente.
No pretendo que todo se desvanezca,
sólo anhelo calmar, un poco, a esta bestia.

Podría decirse que las raíces proliferan,
que la tierra está húmeda y se siente cierta paz,
que los brotes son medidos aunque escasean,
y el motor no para de desear por desear.

Uno siempre tiene una astilla en el pie,
aunque todo parezca lucir muy bien.
La cuestión es astillarse hasta que sangre,
y seguir manteniendo el paso cual errante.

Las perlas son costosas y hermosas,
pero todo requiere un sacrificio.
No hay que alejarse demasiado de las cosas,
sino jamás podré observar mi solsticio.

La torre de naipes siempre se tambaleará,
la clave está en no desear por demás.
Los inviernos fueron demasiado tortuosos,
no volveré a caer más en aquellos pozos.

Una decisión basta para derrumbar todo,
una decisión basta para conservar todo.
No hay que mirar al demonio a los ojos,
basta con saber que no se quiere sus despojos.