lunes, 27 de mayo de 2019

Sangre fría y salvaje.




Vine sin saber qué escribir. Se ha instalado una angustia en mi garganta y es la primera, en mucho tiempo, que no logro despojar.
Mi mente se encuentra viajando en el tiempo otra vez, hacia los pasados melancólicos.
Pensé que tenía otras herramientas con las cuales aplicar justicia, se me quiere imponer este sitio de confort antiguo. Antiguo.
Siento como si hubiera erigido todas las lápidas de un tirón. Otra vez me sumerjo en la ciudad de los muertos, todos gritando mi nombre.
Un puñetazo en la cara. Mi tormento me quiere volver a anclar con sus grilletes.
No quiero... No quiero...

¿Tan errada está mi realidad? Soy todo lo opuesto a lo que creo ser.
Sin embargo, unas simples frases me caen como yunque en el diafragma. Se me saturan los ganglios, se me endurece el miocardio.
Tantos años engañada, endulzada y empalagada de mi narcisismo. Resulté ser lo que nadie quiere ser, lo que nadie quiere escuchar, lo que nadie quiere leer.
Siento que me hundo y no me reconforta saber que la única mano que prevenga mi asfixia es la mía.
Porque no vengo con nadie, no voy con nadie, no llego con nadie.
Estoy esperándome a mí misma en el altar para coronarme como la reina de los nadies.
Me detengo, me controlo, lucho contra mi naturaleza, porque ya no quiero ser parte de mi propio circo. Pero a la vez, me supongo condenada a ser el bufón de los civilizados.
¿Quién va a saber qué fue de mí, si nunca dije nada? Si mi espíritu salvaje es déspota. Mi esencia se halla en las profundidades.
Y entre océanos de patetismo, me hallo luchando por una bocanada de oxígeno que me permita modificar todo mi ser, porque me concibieron a la inversa y lo único que quiero es pertenecer.

¿De qué me sirvieron tantos libros, tantas corrientes de pensamientos, tantas teorías e hipótesis?
Sólo dilucidé aislamiento, desierto e incierto.

¿Por qué tengo que martirizarme con tanto sacrificio? ¿Por qué se me metió en la cabeza querer ser como todos?
Y me sigo auto-engañando, porque sino no logro entender el por qué, me lo invento, me ahogo en un vaso de agua.

Si perfeccionarme es deshumanizarme. Anular el deseo y el placer a cambio de la ignorancia.
Estoy pidiendo a gritos la única distracción embelesante, la muerte total de mi juicio, soy capaz de sacrificar todo por el resto de mis días con el corazón rebosante de sangre caliente.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Matryoshka


El fastidio, el placer, la tristeza, la nostalgia, momentos parpadeantes. Hay una mente, detrás de mi mente, que despertó. Detiene el tiempo brevemente, se conecta con la razón, baja línea, me observo a mí misma.

Ella me tiende su mano, con la palma hacia arriba. Le deposito la sierra oscilante estéril, el mango parece haber sido diseñado para encajar en cada hendidura y recoveco de su mano. Comienza la craneotomía.

- Ailin, Матрёшка, anatómicamente parece diseñada por un maestre.-

Retira la Duramadre, la aracnoides, la piamadre, y luego, empieza la magia, parece no terminar nunca. Cada mente está envainada en la otra de tal forma, que haría emocionarse a cualquier admirador de Las Mil y Una Noches, es una caja china hecha de ramificaciones vasculares, neuronas y nervios.

Imposible cuantificar todos los pares de ojos. Determinar cuál es su línea temporal, identificar su origen, sus propósitos.

Sin embargo, parece que todo tiene su orden, como si se tratara de un reloj y sus engranajes, traccionan en sinergia concibiendo un embrión dentro de otro y así sucesivamente, constituyendo, en su finalidad, este universo.

Cientos de ojos me observan, y cada uno de ellos resguardan secretos de sus contenedores. Es un abrazo infinito, ellos le dan calor a mis memorias.

-Hay algo que atraviesa a todos, a cada uno de ellos, una especie de ojal queloideo que sirve como canal para permitir su unión y bifucarción en simultáneo.-

Las irrigaciones están hiladas como si lo hubiera hecho un experto en el arte del huso y la rueca, resuelto en delicadeza a los confines de la caja ósea.
No distingo el presente. ¿Acaso esta mente se halla encerrada en las profundidades de mi actual mente? ¿Cómo puedo saberlo?

Mi consciencia quizás esté en constantes viajes temporales sin darme cuenta. Soy una fracción de mí misma. Quiero hablarle a la Ailin del futuro de mis futuros, aquella que se encuentra en el presente. Pero ¿cuán en el pasado me sitúo? Imposible saberlo.
Siento como si estuviera dando brazadas enérgicas y desgastantes en un charco. Sin tener la más mínima noción de que un charco más grande aloja mi actual charco, y éste, comprende un charco más pequeño.

¿Seguiré hasta que cada músculo se hipertrofie? No me asegura desenvainar cada fascículo. En verdad, no me asegura nada.

Pero debe de existir alguna pulsión, aquel hilo que nos une a todas, de alguna forma nos conectamos y comunicamos. ¿Qué tan perdidas estarán aquellas de los más bajos escalafones?

Me alivia pensar que al menos no soy la última, tengo esa certeza aunque no sé de donde viene.
A todas nos falta algo, y se trata de lo mismo. No quiero decirlo, me avergüenza. Me apena.
¿Será que en el momento en que obtengamos el Grial personal, todas nosotras volveremos a unirnos en un solo par de ojos?

¿Será la muerte de todas y cada una de nosotras?

Siento abrigo por las que están conteniendo a la que me contiene, nos irriga la misma naturaleza, me desespera no poder decir lo mismo de la realidad.

- Fabiana, cauterizame. Nos vimos a los ojos ya, somos conscientes de todas las que somos.-

Ella inunda los aires con la destilación del perfume de mis carnes con el electrobisturí.
Mis humores se adhieren a las moléculas de oxígeno dispersas, los dejo ir.

Me entusiasma la idea, la anhelo con fervor, de que alguna de nosotras pueda relatar la conclusión. La obra sería magistral. Alguna lo hará, me encargo de esparcir mis cromosomas, se van a alear hasta con las sustancias que tengan menos afinidad. Porque ya soy parte del universo, ya me hallo desfragmentada ,y fragmentada a la fuerza por suturas. El día que quepa en todo mi esplendor en este envase sostenido por huesos.


Ya siento la satisfacción.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Otoño


Finalmente se asentó la estación. El vaivén de los vientos, la temperatura atmosférica y le abrí la puerta para que se vaya.
Siempre voy en desintonía. Y esta vez fue bastante persistente la homogeneidad de la no-emoción.
Otra vez me hallo en las penumbras de mi zona de confort. La saliva espesa atorada por debajo de la lengua, el ritmo cardíaco lentamente acelerándose.
Estas semanas de alienación me sirvieron de otro tipo de ojos. Observé con detenimiento el transcurrir del tiempo, la oxidación de la materia, las partículas que se impregnan en lo estático. El ciclo de vida de la naturaleza, los pasos de miles de pies, la entrada del Sol y la perpetuidad de la Luna.
No encuentro mi voz. Me duele en las entrañas haberme callado por completo, ya no sé cómo hablar.
No me sé expresar, no encuentro palabras, me reprimí tantas veces y terminé condenándome.
No puedo reencontrarme con mi cuerpo, mi mente se alejó tanto que ya no logro hacerme entender que es parte mío también. Mis músculos están blandos y finos como hojaldre, mis huesos son las curvas de mi piel. Sin embargo, sigo sin poder percibirme como un todo, sólo sé que esto es el vehículo de mente.
Cada día me marchito un poco más, cada día es uno menos, la construcción de un futuro patológico.
Me observo en el espejo y desconozco las facciones, la mirada, la curvatura de mis ojos y las comisuras de mis labios. Sólo sé que soy yo porque no hay nadie más acá. Con el paso del tiempo hasta dejé de invertir tiempo en adornarme.
Me siento vieja, siento como si hubiera vivido miles de años. Pero tengo 27 inviernos tallados en cada órgano, la concepción temporal de mi cerebro va en otra frecuencia... y estoy cansada.
No hay estado que me conforme en totalidad, siempre algo me inquieta.