Vine sin saber qué escribir. Se ha instalado una angustia en mi garganta y es la primera, en mucho tiempo, que no logro despojar.
Mi mente se encuentra viajando en el tiempo otra vez, hacia los pasados melancólicos.
Pensé que tenía otras herramientas con las cuales aplicar justicia, se me quiere imponer este sitio de confort antiguo. Antiguo.
Siento como si hubiera erigido todas las lápidas de un tirón. Otra vez me sumerjo en la ciudad de los muertos, todos gritando mi nombre.
Un puñetazo en la cara. Mi tormento me quiere volver a anclar con sus grilletes.
No quiero... No quiero...
¿Tan errada está mi realidad? Soy todo lo opuesto a lo que creo ser.
Sin embargo, unas simples frases me caen como yunque en el diafragma. Se me saturan los ganglios, se me endurece el miocardio.
Tantos años engañada, endulzada y empalagada de mi narcisismo. Resulté ser lo que nadie quiere ser, lo que nadie quiere escuchar, lo que nadie quiere leer.
Siento que me hundo y no me reconforta saber que la única mano que prevenga mi asfixia es la mía.
Porque no vengo con nadie, no voy con nadie, no llego con nadie.
Estoy esperándome a mí misma en el altar para coronarme como la reina de los nadies.
Me detengo, me controlo, lucho contra mi naturaleza, porque ya no quiero ser parte de mi propio circo. Pero a la vez, me supongo condenada a ser el bufón de los civilizados.
¿Quién va a saber qué fue de mí, si nunca dije nada? Si mi espíritu salvaje es déspota. Mi esencia se halla en las profundidades.
Y entre océanos de patetismo, me hallo luchando por una bocanada de oxígeno que me permita modificar todo mi ser, porque me concibieron a la inversa y lo único que quiero es pertenecer.
¿De qué me sirvieron tantos libros, tantas corrientes de pensamientos, tantas teorías e hipótesis?
Sólo dilucidé aislamiento, desierto e incierto.
¿Por qué tengo que martirizarme con tanto sacrificio? ¿Por qué se me metió en la cabeza querer ser como todos?
Y me sigo auto-engañando, porque sino no logro entender el por qué, me lo invento, me ahogo en un vaso de agua.
Si perfeccionarme es deshumanizarme. Anular el deseo y el placer a cambio de la ignorancia.
Estoy pidiendo a gritos la única distracción embelesante, la muerte total de mi juicio, soy capaz de sacrificar todo por el resto de mis días con el corazón rebosante de sangre caliente.


