domingo, 20 de enero de 2019

Vos, que estás leyendo.

¿Alguna vez sentiste lo artificiales que somos?
¿Se te hincha la tráquea de las ganas de soltar palabras, de usar tus cuerdas vocales como instrumentos de viento?
¿Te frustra la abundancia de monólogos? ¿Encontraste los rincones donde hay retroalimentación?
¿Te cansás de hablar con vos mismx?
¿Te cansás de escucharte?
¿Te cansás de mirarte en el espejo?
¿Te cansás de dejar pasar los días sin más?

Algunos nacemos marchitos. Algunos nacemos para ser nidos de gusanos.
Somos aquellos que nacemos para observar, en el silencio, en las penumbras, vemos la luz y oscuridad en un abrir y cerrar de ojos, vemos brillar y triunfar a los demás, mientras nos vamos pudriendo lentamente.
Me siento un desperdicio de ser. Sólo soy una bolsa de órganos, ninguna discapacidad, me desperdicio.
Mi ancla es tan cómodo, quisiera morir en él. Aunque quisiera pasar más horas erguida porque me siento útil. Ya ni siquiera soy útil. Ya no queda nada.

Te quiero, lectora/lector.
Vos sólo sabes cómo sucumbe mi alma.