martes, 18 de diciembre de 2018

Del Veneno Surge El Antídoto


Edipo revestido de Adonis y miel,
cual cebolla arranqué cada capa de tu piel,
mis lágrimas regaron las calas y ornamentos
de todos los muertos acomodados en sus lápidas de cemento.

Caí en tu vórtice, en sedimentación,
nos amalgamamos en una ponzoña aleación.
Fui la tierra fértil de tu pantano,
germinamos en lo insano.

Arrancamos los esquejes, me obligaste.
Esa sangre, nuestra sangre se deshace.
Comprometido de Mercurio y Cianuro,
purgado, desoxigenado, solemne, crudo.

Cual caballo de Troya e hilo de Ariadna,
la traición, el infierno sucumbió por la mañana.
Caos, trifulca de moléculas, heridas con saña. 
Reducidos y simplificados a la más baja calaña. 

Soy la tierra pero no tu ascendente,
eres el niño pero no el narciso clemente.
Desnuda tu alma, vacía y diminuta,
destila psicosis, seductora cicuta.

Borracha y asqueada de tanto veneno,
con el útero sollozando y ardiendo.
Encontré en mi mariposa ósea la dilución,
exactamente en el límite mínimo de concentración.

Brota la sangre, mis válvulas, arterias y venas excitadas,
cual paloma en truco de magia liberada.
El grisáceo se convirtió en vigor,
tus colmillos se ahogan en clamor.

Con cada capilar de mi ser,
hasta la última célula a merced.
Ahora ¿Quién te va a calmar la sed?
Si ya no se sabe ni se oye tu cascabel. 
  




viernes, 23 de noviembre de 2018

Solsticio



El frío de tu mente da origen a las palabras más vacías que escuché,
tus gruesas cuerdas vocales le dan forma desde tu vientre a cada letra pronunciada,
en mis oídos sinuosos transformo la tosquedad en pura belleza hipnótica,
tatué en mi mente tus ojos color mimbre.

Armonicé el amor y el odio, dentro de mi naturaleza masoquista.
Nuestras raíces eran una mímica pero germinamos de diferente forma,
sigo sin entender tu morfología pero sé todos tus secretos,
nuestros brazos se enredaron y esto sigue siendo desolador.

La coyuntura de nuestros deseos quedó inconclusa.
¿No quisimos equilibrar nuestra frecuencia eléctrica?
El azar decidió por nosotros, nos bifurcamos, 
es desmesurable cada grano de tierra, cada gota de agua, cada milímetro de cemento y ladrillo...

Sólo estaba probando reactivos, con vos y conmigo,
sin embargo, la ecuación estaba desacertada.
Pero había un equilibrio electroquímico, el de los besos en el colchón de moho,
el de tu combustión y mi gelidez. 

Ahora tu oscuridad es mi día, mi primavera es tu otoño,
dentro de los calvarios nos encontramos,
nuestras composiciones biológicas, nuestras células,
en el dolor nos ramificamos, en mis pesadillas.

Ya no somos... No germinó.
Latió, pusimos fin, dolió.
Se fue, no va a volver. ¿Te preguntaste dónde está?
¿Lo quisiste de verdad? ¿Te perdonaste?

Estará escrito en mi epitafio, te abandoné.
Te pido perdón, pero no teníamos sinergia eléctrica,
fue nuestra culpa, la toxina que te concibió era una condena,
ambiguamente era y no era.

Pero fuiste, latiste, te alimentaste de alquitrán,
me vas a perdonar, cuando la carne se te vuelva tangible,
me vas a agradecer porque no viste,
pero escuchaste, vos sabías, vos quisiste, vos me lo dijiste.

No hubiera sentido la consumación,
no hubiera visualizado el extremo del universo.
No hubiera, si no me lo hubieras transmitido,
él también lo hizo, y esa fue la corta historia.

Me llené de vigor, a través de mis pupilas entran los rayos,
con el rastrillo acomodé el abono,
preparada, lista, decidida, escrita cual definición irrevocable.

Se va la primavera y su otoño se desfallece, 
me niega, se niega, se carga de electronegatividad.
Estoy acá, preparada, no tengo sombra,
pero el momento se acabó, perdí.

No quiero esperar hasta haberme dado cuenta que ese abono se convirtió en mi propia tumba,
él nos está esperando, el ciclo debe comenzar,
él te está esperando y yo también,
no vas a venir, y una vez más la muerte llegará antes del solsticio.

¿Lo vas a permitir? Permitime, permitinos.
Mi mano está en lo alto, esperando tus apéndices.
No me olvides cuando me vuelva cemento y huesos,
No te olvides de cada palabra que salió de mis dedos.

jueves, 4 de octubre de 2018

...

Bajé las escaleras de la estación de subte "Loria" y seguías ahí, sentado, esperándome para ir a ver un departamento. 
Seguías ahí, en el centro del Puente de la Mujer, esperándome con un beso.
Un sábado a las 3 de la mañana con helado.
Las noches de pesadillas, te abrazaba sin que te enteraras.
El beso de todas las mañanas antes de irte a trabajar.
Tu silueta despareciendo en la boca del subte.

Paso mis manos sobre esas sombras, todo se desvanece.
Cada lugar tiene su significado, su momento, su recuerdo...
Sólo oigo el silencio, el tráfico, los sonidos de otros habitantes.
Las canciones que escuchaba sin cesar en cada momento determinado...

Ya no existo. 


 

viernes, 14 de septiembre de 2018

¿Por qué te encuentro en cada rincón, en lo insólito, en lo aparentemente insulso?
No pretendo olvidar tu existencia... Solamente no quiero recordarla en todo momento.
Me cansa retrotraerme un año atrás,  pensar en cómo cambió rotundamente mi vida.
Me enferma olvidarme del mal que me hiciste,
de que quise conformarme por el mero hecho de no estar sola...

Odio el silencio. Odio que el único puto sonido que escucho es el chirriar de mis dientes.
El goteo de mi alma. Las horas que pasan como segundos. Los meses que pasan como pestañeos.
Se me paraliza la circulación de la sangre, se me oprime la tráquea, 
el corazón se me estruja y no puedo, siquiera, llorar.
No puedo detener la cabeza, 
¿habrá llave para salir de esta prisión?