Todo tuvo que tener su equilibrio,
todo lo malo y todo lo bueno separado por un vidrio.
La prisión se hundió en un acantilado,
pero su veneno en mis pulmones sigue destilando.
Las almas errantes siguen en mi mente,
en los suburbios donde el dolor es persistente.
No pretendo que todo se desvanezca,
sólo anhelo calmar, un poco, a esta bestia.
Podría decirse que las raíces proliferan,
que la tierra está húmeda y se siente cierta paz,
que los brotes son medidos aunque escasean,
y el motor no para de desear por desear.
Uno siempre tiene una astilla en el pie,
aunque todo parezca lucir muy bien.
La cuestión es astillarse hasta que sangre,
y seguir manteniendo el paso cual errante.
Las perlas son costosas y hermosas,
pero todo requiere un sacrificio.
No hay que alejarse demasiado de las cosas,
sino jamás podré observar mi solsticio.
La torre de naipes siempre se tambaleará,
la clave está en no desear por demás.
Los inviernos fueron demasiado tortuosos,
no volveré a caer más en aquellos pozos.
Una decisión basta para derrumbar todo,
una decisión basta para conservar todo.
No hay que mirar al demonio a los ojos,
basta con saber que no se quiere sus despojos.

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