sábado, 19 de abril de 2014

Pienso, luego existo. ¿Para qué pienso? ¿Para qué existo?



El propósito es la pregunta más importante, la falta de respuesta es lo que a uno le motiva a seguir caminando en busca de ella. Motiva el misterio.
Suelo preguntarme: ¿Por qué nosotros (los humanos) fuimos dotados de inteligencia y sentimientos, cuando los animales u otros seres vivos no?

No entiendo a qué se debe el propósito de nuestra existencia, porque lo pienso y me parece que no tiene sentido, más que el de vivir y morir.
Las religiones proponen una visión de más allá de la muerte, pero es algo de lo que no tenemos manejo. Según mi juicio, no existe el cielo ni el infierno.
¿Por qué los asesinos confiesan sus crímenes para evitar la pena de muerte? Si una vida tan miserable como la de un recluso de por vida en un cárcel no es un ideal.
Le tememos a la muerte porque no conocemos otra cosa más que la vida, por eso mismo tratamos de vivir lo mejor posible, cada uno con sus propias metas y objetivos.
Todos somos diferentes pero hay puntos en común universales que nos esclavizan: el amor, el odio, el egoísmo, la felicidad, la infelicidad y el deseo de persistencia en la memoria de quienes vamos dejando atrás.
Cada uno tiene su versión de cada una de ellas,  cada uno hace manejo de éstas en la forma en la que se le presentan y en la forma en la que están condicionados por sus pensamientos, motivaciones y su personalidad.
Pero volviendo a lo principal, siendo seres inteligentes y dotados de sentimientos, construyendo un mundo aún tierno y evolucionando la especie gradualmente... El fin no es más que la comodidad y felicidad de nuestras mentes. Todo aquello que hacemos y elaboramos no es más que una satisfacción para nuestra conciencia: el vivir lo mejor posible.
¿Pero qué hay de aquellos que no estiman su vida y carecen de esperanzas? De ahí la motivación del misterio, una persona que comete delitos, asesina o comete algún tipo de perjuicio a otras personas, está satisfaciéndose a sí mismo, su ideal de felicidad o conformismo para con la vida, más allá de la noción del bien y del mal que se ha impuesto en la conciencia colectiva. Entonces, cuando es "atrapado" y no tiene opción alguna que confesar sus crímenes, más allá de si se arrepiente o no, lo que provoca esto es el hecho de escapar a su fin, ya sea la muerte, la determinada condena o lo que se presente en tal caso. Porque su felicidad no ha sido completamente concretada y necesita seguir moviéndose libremente para llevarla a cabo.
Las personas melancólicas que desean su propia muerte porque no encuentran su motivación o no la ven claramente, dependen muchísimo de su entorno, lo que más anhelan es que éste cambie para que le den una visión de belleza que les permita vivir tranquilamente. Pero si hay algo que es cierto es cada tipo de felicidad humana no llega a cada uno sin que el ente mismo actúe influenciándolo. Ese es su error, el creer que las cosas pueden cambiar por arte de magia, porque las circunstancias van a estar a su favor porque ya no funcionan de la forma en la que venían ocurriendo. Sin embargo, ésta motivación es la que los mantiene aún vivos, y el único remedio es el saber que no van a poder cambiar sus condiciones de vida a menos que hagan algo al respecto.

Pero después de todo, las arduas y hermosas vivencias no tienen propósito. Lo que mueve al mundo es la satisfacción propia, por más que un individuo se considere altruista, ese altruismo está dotado de egoísmo, y es la satisfacción propia que se da a través de los demás.
¿Es entonces la vida un medio de satisfacción simple y llanamente?
La justicia no existe, porque por más que uno considere el encierro un modo, o la muerte otro. no hay satisfacción alguna en ninguna de ellas. No hay tal Dios que juzgue el espíritu de un individuo según sus actos en vida. Sólo está la creencia, la fantasía de justicia divina, y creo que por más fieles que sean a sus religiones y amen a su Dios, la satisfacción es nula porque no pueden ser testigos de aquel acontecimiento.

Los muertos son muertos, ya no poseen vida propia, sino que poseen vida dentro de aquellos que aún viven. Y algún día todo lo que conocemos hoy va a estar muerto, porque habrá otro tipo de cosas vivas y no habrán testigos de nuestra existencia. Seremos una leyenda, una moraleja o una fábula. Es entonces lo que me da a pensar que todo lo que hagamos no puede persistir eternamente, por lo tanto podemos persistir un determinado tiempo, y nuestros actos en vida habrán influenciado un pequeño círculo o gran círculo que ya conoce su final.

El amor generalmente conduce al deseo de formar una familia, uno cree que la otra persona con la que se une es su complemento, todo lo que se ausenta en uno mismo, por eso se siente completo y ama, admira a la otra persona. Luego, conduce al concebir a un individuo que comparte la sangre de ambos, el amor se convierte en persona con nombre y apellido, es entonces, que se da origen a una vida que les pertenece y que llevará su ADN cavando su propio nicho en el cementerio de recuerdos.
Pero los genes se van multiplicando y así cambiando, quizás el apellido o un nombre se conserve, pero desaparecemos de sus células a medida que transcurre el tiempo.

La satisfacción no es más que una ilusión propia de lo que nos motiva en la vida, por lo tanto considero que, somos individuos ciegos en busca de una satisfacción imaginaria, porque no sólo creemos que cuando concretamos una meta u objetivo estamos satisfechos, sino que eso no es suficiente, por lo tanto se presenta otra y así sucesivamente.
Es entonces, que no le encuentro el verdadero sentido a la vida, porque somos conejos persiguiendo una zanahoria que jamás vamos a poder alcanzar.

En conclusión, la vida no tiene sentido, uno atraviesa diferentes vivencias, algunos se hacen más sabios, ayudan a los demás, concretan cambios, pronto, universales; cambian vidas, actúan y contemplan el efecto o no; pero detrás de ello no hay nada más que la ausencia del sentido.
La felicidad es intangible y momentánea,  no podemos conservarla ni probarla.

Todo esto escrito es producto de que nos hicieron seres pensantes, sedientos de respuestas a preguntas que nosotros mismos originamos. Por lo tanto, nuestras preguntas no son más que vanas, ya que seremos seres inteligentes pero no lo suficiente como para poder satisfacer nuestra curiosidad eterna, estamos condicionados por lo que somos, sin embargo, hay una pregunta que sí tiene respuesta pero dudo que alguna vez se vaya a saber: ¿Por qué somos seres pensantes y otros seres vivos no?

Los individuos fácilmente aplican la eutanasia en animales, pero no en nosotros mismos. Ellos no tienen el intelecto para expresar su miedo a la muerte como nosotros. Poner fin a una vida ajena es muy simple, pero poner fin a nuestras vidas no lo es.

No existe la conclusión a éstas reflexiones, y eso es lo que a mí me motiva, el encontrar las respuestas a mis preguntas, pero a la vez, sé que jamás las voy a encontrar.
Entonces ¿por qué me sigue motivando y generando mis ganas de seguir viviendo?
No somos más que un motor del mundo, no hay nada después de nosotros, simplemente vivimos y formamos parte de un ecosistema.
 Podría preguntar ¿para qué existe esta forma de vida? Pero aquello es parte del universo, y sus dimensiones me provocan una angustia existencial que no soy capaz de afrontar.
Quizás seamos parte del sueño de alguien, uno muy grande. Pero eso ya sí que no lo quiero saber, sólo me gustaría volver a creer que puedo conseguir la satisfacción que deseo, para poder vivir normalmente y seguir mi transcurso de vida como todos los demás.
Ojalá jamás se me hubieran planteado tantas incógnitas, porque de seguro que así sería mucho más feliz, y eso es lo que envidio de la ignorancia.


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