jueves, 3 de febrero de 2011

El Purgatorio.







A veces creo que no estoy. Me voy y me sigo yendo.
¿Dónde están mis ojos, dónde está mi mente?
No te entiendo… No te entiendo.
La realidad me atormenta, la gente me atormenta…
¿Dónde están mis ojos?
Los sonidos acuchillan mis oídos. Las cosas que se mueven me vuelven loco.
¿Estoy loco? ¿Estoy loco?
¿Dónde están mis ojos?
Me arden mis agujeros negros oculares. Siento mi sangre completamente helada, me duele que viajen glóbulos y glóbulos por mis venas.
Dame un alivio…
Quiero cerrar mis párpados con fuerza, pero la oscuridad me carcome la cabeza, me carcome… me carcome.
Estoy en un desierto, las nubes me ciegan con su blancura, camino, me arrastro.
Pienso… pienso…
¿Dónde estoy?
Estoy solo, pero siento que me clavan los ojos. Me observan, piensan sobre mí, estoy muerto y loco… demasiado loco.
Yo no soy yo, soy un cuerpo vacío en este mundo. Mi mente no está con él… La he perdido.
Dejame irme.
Quiero sentir mi mente y mi vacío. Mi delirio, todo lo que soy.
La gente pasa inconsciente, caminan van a lugares, todos los días igual.
Rutinas, tristeza, perdidos en la sociedad, perdidos en el universo.
Provocan ruidos, sonidos y mi arduo dolor de oídos, sus voces se quedan eternamente en mi cabeza, hablan todo el tiempo, no me dejan en paz.
Las luces, la oscuridad, me hieren y destruyen.
Sigo caminando en mi desierto, pero no consigo mi paz… mi paz… mi paz…. Mi paz…
Vagando eternamente me encuentro.
Perdido, solo e inhumano.
Dejame… gracias.
No te entiendo, y te agradezco por eso.

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