El frío de tu mente da origen a las palabras más vacías que escuché,
tus gruesas cuerdas vocales le dan forma desde tu vientre a cada letra pronunciada,
en mis oídos sinuosos transformo la tosquedad en pura belleza hipnótica,
tatué en mi mente tus ojos color mimbre.
Armonicé el amor y el odio, dentro de mi naturaleza masoquista.
Nuestras raíces eran una mímica pero germinamos de diferente forma,
sigo sin entender tu morfología pero sé todos tus secretos,
nuestros brazos se enredaron y esto sigue siendo desolador.
La coyuntura de nuestros deseos quedó inconclusa.
¿No quisimos equilibrar nuestra frecuencia eléctrica?
El azar decidió por nosotros, nos bifurcamos,
es desmesurable cada grano de tierra, cada gota de agua, cada milímetro de cemento y ladrillo...
Sólo estaba probando reactivos, con vos y conmigo,
sin embargo, la ecuación estaba desacertada.
Pero había un equilibrio electroquímico, el de los besos en el colchón de moho,
el de tu combustión y mi gelidez.
Ahora tu oscuridad es mi día, mi primavera es tu otoño,
dentro de los calvarios nos encontramos,
nuestras composiciones biológicas, nuestras células,
en el dolor nos ramificamos, en mis pesadillas.
Ya no somos... No germinó.
Latió, pusimos fin, dolió.
Se fue, no va a volver. ¿Te preguntaste dónde está?
¿Lo quisiste de verdad? ¿Te perdonaste?
Estará escrito en mi epitafio, te abandoné.
Te pido perdón, pero no teníamos sinergia eléctrica,
fue nuestra culpa, la toxina que te concibió era una condena,
ambiguamente era y no era.
Pero fuiste, latiste, te alimentaste de alquitrán,
me vas a perdonar, cuando la carne se te vuelva tangible,
me vas a agradecer porque no viste,
pero escuchaste, vos sabías, vos quisiste, vos me lo dijiste.
No hubiera sentido la consumación,
no hubiera visualizado el extremo del universo.
No hubiera, si no me lo hubieras transmitido,
él también lo hizo, y esa fue la corta historia.
Me llené de vigor, a través de mis pupilas entran los rayos,
con el rastrillo acomodé el abono,
preparada, lista, decidida, escrita cual definición irrevocable.
Se va la primavera y su otoño se desfallece,
me niega, se niega, se carga de electronegatividad.
Estoy acá, preparada, no tengo sombra,
pero el momento se acabó, perdí.
No quiero esperar hasta haberme dado cuenta que ese abono se convirtió en mi propia tumba,
él nos está esperando, el ciclo debe comenzar,
él te está esperando y yo también,
no vas a venir, y una vez más la muerte llegará antes del solsticio.
¿Lo vas a permitir? Permitime, permitinos.
Mi mano está en lo alto, esperando tus apéndices.
No me olvides cuando me vuelva cemento y huesos,
No te olvides de cada palabra que salió de mis dedos.
