martes, 13 de diciembre de 2011


Esos brazos como edificios que rodean mi campo y lo urbanizan,
Esos ojos afilados que me despellejan hasta los huesos y los convierte en ceniza.
Esa nariz que huele mi realidad, mis mentiras y mi verdad,
Esas manos que arrancan malas hierbas y me regalan felicidad.

Clávame un puñal y mi corazón seguirá latiendo...
Sos el oxígeno que me faltó todo este tiempo.
Plantaste en mí, las semillas del amor,
Deforestando todo el veneno que me tenía en descomposición.

Sólo vos me hacés sentir cosas que no había experimentado,
Mi protector, mi guardián, mi ángel endemoniado.
Haciéndome el amor y el odio a la vez,
Ahogando el dolor y disfrazándolo de miel.

Y cuando yo creí que mis esperanzas decaían hacia su límite...
Apareciste y me regalaste todo lo que alguna vez quise.
Derretiste este corazón helado y gris,
Cuando en mi cielo no había ninguna matiz.





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