miércoles, 15 de diciembre de 2010

Dale.

Mi cerebro estuvo hecho mermelada,
lo puse junto con el cordón umbilical de una flor que destila aroma a delirio.
Mientras tanto, mi cuerpo siguió deambulando sin mente, como un vaso sin agua...
Ahora me pongo la mermelada en el cráneo y después de someterse a ese adictivo perfume,
ya no es lo mismo.
Las raíces de sangre se transformaron en cadenas aprisionando a mi cerebro,
mis ojos ahora son más que ventanas... son puertas hacia otra dimensión.
Mis cabellos y mis uñas ahora solo son la muerte de esa mente que ya desapareció.
Era todo tan normal y apaciguador...
Hasta que ese ente mágico me golpeó el blindaje de mi armazón.
Y mi cerebro se metamorfoseó...
¿Cómo puedo explicar el cambio que esto generó?
Sólo creo poder explicarlo a través de nuevos sentimientos que se instalaron en el pozo de mi alma.
La incertidumbre me carcome el corazón.
Ni el sistema digestivo más sano podría digerir esto.
Pero como el cáncer, se apodera de toda mínima célula que me constituye.
Sí, señor.
Te apoderaste de mi mente y mis manos que responden por sí mismas.
Y ahora todo lo que veo es una proyección de mi imaginación intercalada con la realidad.
Puedo ver más allá.

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