viernes, 17 de diciembre de 2010

Adiós mi Luna.

La reina de la noche que respira sueños e inconscientes.
Reina de la oscuridad y la frescura.
Desprende una paz nocturna.

Tu luz, la más divina.
Que no es tuya sino fuego de otro.

Mi hermosa Luna… quisiera soñar despierta como vos.
Sonámbula y noctámbula, dueña del sueño más encantador.
Mi adorada Luna,
¿quién te saciará el hambre de vivir cuando todos están muertos?

Grises sueñan cuando los colores se despiertan.

Pero vos, preciosa Luna, vivís en las nubes, en las nubes.
De cabeza al mundo.
Tu aura de pasteles degradados, tu locura irreal.
Mi querida Luna, que divide su almohada nebulosa y comparte la libertad.

Grises sueñan cuando los colores se despiertan.

Soñás cuando estás despierta, dormida sos real.
Adiós, mi Luna.
"Él" se está levantando, tu recreo se acabó,
Lo hace noche tras noche, día tras día.

Siempre serás la reina, pero nunca una diosa, esa es la verdad.
Bajo el regazo del Dios blanco te encuentras, calcinándote hasta que le toque descansar.
Luego te libera por unas horas solo para que puedas soñar.
Él tiene el poder sobre todos los colores existentes, incluso sobre el tuyo.

Pero no te hundas en la tristeza.
Esa es su naturaleza.
Aunque la oscuridad succione hasta la más insignificante matiz, y nunca te deje brillar como él.
A pesar de su superioridad, el esconde el amor en la almohada que luego te obliga a dormir.
Y jamás, pero jamás, te dejará morir.

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