sábado, 14 de enero de 2017

Karma.

Le quemé el rostro a todos sus santos,
le destruí sus papeles más preciados.
Y como siempre, pareciera,
el karma me llega demasiado temprano.

En busca de clavarle un puñal, 
éste terminó hundido en mi espalda.
¿Cómo iba a saberlo?
En mi sed de venganza encontré sus huesos.

Y allí es cuando me convertí,
en lo que jamás quise ser.
Alguien como ella...
Repitiendo sus acciones, aunque no me arrepiento (aún).


Nací oveja negra y moriré siéndolo,
jamás se me ha perdonado una sola cosa...
Me cuesta creerlo porque en mi inocencia
yo he perdonado hechos atroces...
Quizás porque lo que verdaderamente me duele
lo reprimo en las profundidades de mi inconsciente.
Y no guardo rencor...

Pero siempre fui lo que no debí.
Siempre estuve donde no tenía que estar.
Siempre respondí lo que debí callarme.
Siempre fui el error de su subjetiva perfección.

A veces creo que nací para que el mundo me contradiga,
después me doy cuenta que yo soy la contradicción.

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