Y las palabras se encuentran ahí,
en papeles y libros.
El amor yo lo veo así,
lo que alimenta mi conocimiento.
Pero no son simples palabras,
son puras y nítidas, abiertas y extensas,
que se instalan en mi cabeza y se expanden dentro de mi cráneo.
Recibo el amor platónicamente,
recibo el amor artificialmente.
Y si se quiere, indirectamente.
No hay nadie que me diga que me quiere,
no se trata de palabras vacías y escurridizas.
No me llegan otras palabras de afecto que no sean esas,
no me bastan las palabras tradicionales ni convencionales.
De las personas tangibles espero actos,
no quiero sucias palabras, ya no quiero cortarme la lengua para que me entiendan.
No quiero rebajarme para compartir un lenguaje,
no quiero dejar de ser yo por unas estúpidas palabras.
Sigo esperando, aquellos actos.
Todos creen lograr la máxima expresión con las palabras,
lamentablemente para mí no es así,
seré yo y unos pocos, pero ¿qué más puedo decir?
Las palabras son capaces de herir,
pero no apaciguar,
no están dotadas de sentimientos,
son letras compuestas en un contexto determinado.
Atacan, hieren, duelen y se resienten.
Sucias palabras sin propósito benigno.
Estoy cansada de escucharlos y leerlos.
Lo platónico me ama,
y me siento querida.
Lo real en mi mundo no es más que una mentira.
Los lazos de sangre, la amistad,
la cercanía y el amor,
nada es verdad...
Se suman elementos y forman una gran esfera vacía,
podrida y sin sentido.
La sinceridad ante todo,
ante todo lo que está perdido.
No necesariamente llevan máscaras o caretas,
la mentira contempla y se sitúa
en cada rincón de la vida.
Prefiero lo artificial, lo intangible,
lo imaginario, lo desconocido.
¿Por qué he llegado a esta instancia?
Todos ustedes no son más que un producto.
Un artefacto que responde a lo aceptado,
a lo correspondido, a lo general,
a lo habitual.
Estoy cansada de tantas palabras airosas,
me refugio en otro tipo de palabras.
Quizás no sea ningún tipo de ejemplo de mi propio planteamiento,
pero al menos no me banalizo.
La colectividad y el amor comprometedor me dan asco.

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